Ayuda a padres a nivel disciplinario con sus hijos - Psicología Infantil

 

En el período preescolar no se ha desarrollado aún el nivel de autocontrol necesario para tolerar las frustraciones. Cualquier obstáculo o sensación de estar sobrepasado puede provocar en el niño(a) una pataleta.
            Por otro lado, la atención de los padres es quizás uno de los factores más fundamentales en la adquisición y mantención de las conductas. La atención actúa como motor del desarrollo y es muy influyente en la adquisición de la identidad. Los niños en la etapa preescolar realizan cualquier acción que los haga sentir que sus padres están activamente interesados en ellos, para lo cual las pataletas son una poderosa forma de atraer el interés de los padres.
            Las pataletas son reacciones desproporcionadas para los adultos, pero por cierto son absolutamente entendibles desde el punto de vista del niño o niña cuando no logra conseguir lo que desea. El niño es aún muy inmaduro para resistir la frustración, y mientras más pequeño sea, mayor será la sensación de colapso emocional que experimentará frente a las dificultades.

            Su rabia lo incapacita para reaccionar en forma controlada y necesita ayuda de sus padres para superar esta etapa. El preescolar vive en el presente, él aprenderá más tarde lo que es el futuro y eso por eso que le cuesta tanto esperar por las cosas, experimentando una rabia enorme al no conseguir lo que desea en forma inmediata. Ciertas veces pedimos a los niños un nivel de madurez para enfrentar las adversidades que nosotros mismos no tenemos ( psicólogo infanto juvenil Ariel Garay ).
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Algunos tips para padres | Psicología infantil

 

  • Sea un modelo de autocontrol, si usted se sobrepasa por las dificultades y grita sin control, con dificultad el niño(a) adquirirá modelos para aprender a tolerar la frustración
  • Conserve la calma, ya que si se descontrola empeorará la situación, posiblemente hará o dirá cosas de las que después se arrepentirá.
  • Pregúntese si el motivo de la pataleta pudiera ser comprensible, dado el nivel de desarrollo del niño(a) y del problema que enfrenta. Pero aclárele que aunque usted comprenda que es difícil para él o para ella por lo que está pasando y que entiende sus rabias, hay otras maneras de expresar lo que siente o quiere.
  • Cada vez que sea posible, una vez que comenzó la pataleta, no ceda.
  • Si le es posible y no es peligroso para él o ella, préstele la menor atención posible. Recuerde que la atención suele fijar las conductas, y vuélvale a prestar atención apenas se haya tranquilizado(a).
  • No lo etiquete de mañoso o maleducado, es muy difícil sacarse las etiquetas que se ponen cuando se es pequeño y dejan marcas en el carácter. Simplemente hágale saber que no le gustan las pataletas y que ellas no son una buena manera de resolver conflictos. Por supuesto, debe esperar para ello a que esté calmado(a).
  • En forma muy breve explíquele, una vez que esté bien calmado(a), que es bueno que aprenda a pedir las cosas de otra manera.
  • Préstele muchísima más atención cuando esté simpático(a) y comunicativo(a) que cuando está con pataletas
Si está con muchas pataletas, piense y evalúe qué factores del ambiente lo pueden alterar. Si no encuentra una respuesta que lo satisfaga, pida ayuda al psicólogo infantil. A veces, las personas que están fuera del problema, junto con estar más lejos, tienen una mejor visión de los factores que inciden en los problemas de manejo disciplinario.

 

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Para pensar... | Psicología infantil

 

Muchos padres pasan mucho tiempo diciéndoles a sus hijos lo que deben y lo que no deben hacer. Y sin embargo, el hecho de dar orientaciones es una tarea fundamental que se suele obviar. Enseñando a los padres estrategias más eficaces para dar retroalimentación podemos reducir el número y la frecuencia de las órdenes, así como mejorar el cumplimiento de los niños. Se recomienda que los padres presten atención a las instrucciones que dan y que solo den instrucciones que estén dispuestos a reforzar. Las órdenes que no se refuerzan, sólo consiguen que el niño obedezca aún menos, al enseñarle que la consecuencia de no seguir las órdenes es “librarse” de las consecuencias.
      Hay que entender que dar órdenes significa dar instrucciones, y no pedir cosas. Una petición o una súplica deja espacio a la elección. Por lo tanto, los padres no deberían pedirles nunca a sus hijos que hicieran algo a menos que estuvieran dispuestos a aceptar un “no” por respuesta.
            Por otro lado, la desobediencia debe ir seguida de consecuencias concretas.
            Los padres también deben evitar el uso de “vamos a…” para empezar sus órdenes a menos que realmente quieran hacer la tarea con los niños.
Las órdenes deben ser concretas y deben incluir el marco temporal en el que se espera que obedezcan.
Si damos sólo una orden cada día aumentaremos las posibilidades de que se cumpla. Las tareas que se presentan juntas, o las órdenes encadenadas, son más fáciles de olvidar; además hacen más difícil para el niño obtener un buen resultado, ya que tiene que obedecer todas las órdenes para tener éxito.
Las órdenes parentales débiles e imprecisas sabotean su propio cumplimiento.

Si necesita más ayuda, no dude en consultar / Psicólogo infantil Ariel Garay

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